Visitantes inconformes

jueves, 2 de septiembre de 2010

Santas deudas

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Ja! Vaya sorpresa la que se llevan los medios de comunicación cuando el dinero toca sus delicados y vacíos bolsillos.

Realmente cuesta entender su respuesta cuando el Banco de la República publica los últimos datos correspondientes a la deuda externa colombiana. ¡Cómo si estuviéramos en la posibilidad de esperar un monto menor tras haber sufrido uno de los gobiernos más peligrosos, en términos financieros, para las arcas del Estado!

Baste saber para el lector que la deuda externa en Colombia ha aumentado, aproximadamente, 16.000 millones de dólares (en cifras conservadoras, es decir, en las cifras que el Gobierno nos entrega para que no nos asustemos) en los últimos ocho años que, coincidencialmente, fueron los mismos ocho años durante los cuales Uribe gobernó, de manera excelsa, nuestro país.

Y es que tenemos que reconocer que la inversión en educación, salud y vivienda fue de las más altas registradas en los últimos 200 años de nuestra sagradísima independencia.

¡Medios, no teman! Las cortas arcas de la prensa colombiana no se verán atacadas por tal ataque a la moral colombiana.

Adenda:

Juro, solemnemente, no votar de ahora en adelante por quien desee invertir tal cantidad de dinero en la sociedad pues, tras observar tan abrumadores datos, descubro que es mucho mejor comer 8 años, que descubrir que toda esa comidita se quedó debiendo en la tienda.

Att. El mosco.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Atentados vs. Accidentes

En definitiva la prensa colombiana es adicta al comportamiento frenético de masas que cambian de objeto de observación fugazmente, sin mirar la importancia que el primero pudiera o no tener.

Es claro que el proceso frente al que nos encontramos obedece a una suerte de lucha entre dos objetos de observación que requieren, a gritos, de sujetos observantes. Esto último recordando la necesidad de observadores frente a lo observado, la calidad de interesados frente a lo interesante, de chismosos frente al chisme.

Hoy como un día cualquiera en la opinión pública nacional hay, advirtiendo una clara ventaja que realmente debo señalar preocupante, dos objetos en disputa. Por un lado la muy aberrante noticia de un carro bomba, perteneciente a un militar, que explotó frente a Caracol Radio en Bogotá. Debemos recordar que nuestro amigo militar fue víctima de un extraño caso de robo con escopolamina que, milagrosamente, le permitió salir sin un solo rastro de la sustancia en su organismo. Y, por el otro lado, la triste noticia de un accidente aéreo acaecido en San Andrés islas que dejó como consecuencias una víctima mortal y cierta cantidad de heridos.

La intención de este zumbante escritor no es la de banalizar con frialdad absoluta el accidente aéreo, incluso lamento la pérdida de una ciudadana en circunstancias tan lamentables. Mi intención es recordar la gravedad de un atentado en plena avenida séptima, en la capital colombiana (la más militarizada y con más operativos de seguridad a nivel país).

Reconozco que el accidente marca una situación de características tristes, que deja en vilo esta compasión colombiana, pero por favor no banalicemos un atentado de carro bomba en uno de los lugares más transitados del país.

Colombianos, la opinión pública nos pertenece, por algo es pública. ¿Merece banalizarse?

Att. El mosco.

lunes, 9 de agosto de 2010

Hacia una defensa de la intolerancia argumentativa

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Estoy cansado de la simplista indiferencia que encuentro en el aceptar, cual borrego, que personas equivocadas sigan conduciendo el país como hasta hoy lo han hecho.

Esta bien, lo admito. Soy un intolerante. Pero ¿Cómo voy a ser tolerante frente a la corrupción, frente al clientelismo, frente al abuso? ¿Cómo voy a ser tolerante frente a una guerra que ha invadido cada uno de mis días? ¿Cómo voy a ser tolerante frente a una política sucia y guerrerista que prefiere un fusil a un lápiz? ¿Cómo voy a ser tolerante frente a una apología a la picardía? repito ¿Cómo ser tolerante?

A partir de hoy me declaro en estado de intolerancia argumentativa. Niego, puede que desde una posición solitaria, ser tolerante frente a una Colombia con Santos por presidente incuestionable.

Ahora bien, espero que el señor Santos no se comporte muy "pícaramente" como presidente. Espero de él prudencia, que respetaré; decisiones acertadas, que apoyaré. Espero de él un buen gobierno.

Santos, ¡Atento!, un intolerante con argumentos ha aparecido en la blogósfera.

Att. El mosco.